Ago
23

ADOPCION RESPONSABLE

La adopción es una opción para aquellas parejas que no pueden tener hijos biológicos; sin embargo, se trata de una decisión que debe ser bien meditada, pues pueden existir inconvenientes colaterales que deben conocerse. Mucho menos es una decisión a ser tomada con la frivolidad de algunas estrellas de la farándula entre las que parece haberse puesto de moda coleccionar niños adoptados de diferentes razas y nacionalidades; o la de muchas otras personas que buscan un modelo precioso, rubio y de ojos azules.

Al adoptar un niño los padres deben saber que inicialmente suelen existir ciertas dificultades de integración en la nueva familia, que suelen ser tanto mayores cuanta más edad tiene el hijo. Deben saber también que si no se conoce el origen y condiciones del embarazo y del parto de la madre biológica, o si existieron dificultades con éstos, existe algún riesgo potencial de problemas, como el déficit atencional e hiperactividad.

Deben saber también que más adelante en algún momento tendrán que enfrentarse a la situación de informar al hijo sobre su condición de adoptado, y hacerlo de la forma adecuada. Y deben saber también que a lo largo de su etapa infantil, y sobre todo en la adolescencia, pueden surgir crisis de identidad, e iniciativas de conocer a los padres biológicos, que hay que saber afrontar.

Sabiendo manejar bien estos aspectos la crianza de un hijo adoptivo no tiene por que ser ni más ni menos complicada que la de un hijo biológico. El estar informados sobre estos aspectos no tiene por qué suponer un obstáculo a la hora de tomar la decisión; más bien se pretende con ello que la decisión se tome de la forma más responsable, porque con frecuencia surge cierto arrepentimiento por parte de algunos padres adoptivos al manifestarse alguno de estos inconvenientes y comprender que no estaban preparados para solventarlos.

Este arrepentimiento puede inducir la tentación de dar marcha atrás, como si de un objeto con certificado de garantía se tratara, o bien puede provocar una relación futura con el hijo completamente inadecuada con frases como “mejor no te hubiéramos adoptado” o “así nos agradeces el harte dado un hogar”, etc. que provocarán en el hijo un inmenso sentimiento de culpa y deseos de no seguir viviendo.

No obstante lo anterior, existen algunos casos extremos en los que pese a toda la buena voluntad de los padres, las dificultades generadas por el hijo adoptivo son de tal magnitud que desestabilizan completamente la dinámica familiar. La misma situación puede suceder con un hijo biológico, pero en este caso se asume con mayor naturalidad el problema, mientras que en el caso del hijo adoptado los padres pueden llegar a hacerse el siguiente planteamiento “Nosotros decidimos responsablemente adoptar, esperando bienestar para el hijo y para nosotros, pero la situación es totalmente distinta e insostenible para todos. ¿Sería mejor dar marcha atrás?”.

El tema empieza a salirse del terreno de la salud mental para entrar al de la ética, áreas que frecuentemente entran en conflicto por este tipo de temas. Desde el punto de vista de la salud mental la respuesta debería salir de un profundo análisis de cómo la situación afecta la salud mental de cada uno de los protagonistas, incluyendo al hijo adoptado, por supuesto. Desde el punto de vista ético, el dilema es claro y comprensible, pero yo no tengo la respuesta verdadera; lo que sí se me ocurre es que la decisión de adoptar un hijo debe ser tan vinculante con el compromiso adquirido como la de tener un hijo biológico.

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