Oct
4

CONDUCTAS AGRESIVAS

Un adolescente japonés de catorce años mató cruelmente a dos de sus compañeros de colegio, decapitando a uno de ellos y colgando la cabeza a la entrada de la escuela donde estudiaban. Sus padres parecían perplejos al enterarse de la noticia; jamás se hubieran imaginado que su hijo sería protagonista de semejante suceso. Posteriormente admitieron que ya con anterioridad observaban en él conductas anómalas, tales como robar termómetros para extraer el mercurio que le serviría para envenenar gatos.

Este ejemplo, sin embargo, no marca una referencia límite en el alcance de la agresividad de los niños y adolescentes. Otros sucesos mucho más atroces han ocurrido y están por ocurrir, cada vez con mayor frecuencia. No obstante, es un ejemplo que puede resultar bastante elocuente para buscar explicaciones.

Es interesante resaltar como denominador común la incredulidad de los padres, quienes suelen juzgar a sus hijos con enorme subjetividad, y no quieren ver con preocupación conductas previas que ya pueden inducir a pensar en la existencia de un problema. Aún cuando los padres reconocen la conducta de su hijo como inadecuada, tienden a pensar que “ya se le pasará”, o “ya cambiará”, o, simplemente, la aceptan como inevitable, pero inconscientes de que pueda degenerar en manifestaciones agresivas severas.

De este modo, queda anulado el papel fundamental de los padres como detectores de posibles anomalías, y como responsables de las acciones adecuadas para subsanarlas, y de procurar el ambiente idóneo para evitarlas. En consecuencia, en la mayoría de los casos, el riesgo de desarrollar conductas agresivas y antisociales, y su evolución va a depender de factores que no son del control de los padres, y, por tanto, el pronóstico es bastante desfavorable.

¿De qué factores depende la aparición del trastorno de conducta, cómo se detecta, y cómo es su evolución?  Antes se pensaba que el trastorno de conducta era la respuesta del individuo a determinadas condiciones desfavorables en la dinámica socio-familiar; o bien que se trataba de la expresión de algún desorden interno de ciertos individuos. Hoy día se cree en la validez de ambas hipótesis en forma combinada, es decir, que es la respuesta a condiciones socio-familiares desfavorables de ciertos individuos que tienen una predisposición mayor que otros a proyectarse en forma agresiva. Las condiciones socio-familiares que se constituyen en factores de riesgo son, entre otras:

* Estar inmerso en una cultura violenta (la nuestra lo es).

* Haber sido víctima de abuso físico, psíquico o sexual.

* Factores genéticos.

* Exposición a la violencia en el hogar.

* Exposición a la violencia en los medios de comunicación.

* Uso de drogas y/o alcohol.

* Presencia de armas de fuego en la casa.

* Estrés socioeconómico en la familia.

* Separación matrimonial.

* Desestructuración familiar.

* Inadecuada respuesta de los padres a los comportamientos negativos, a los que no se ponen límites firmes.

* Inexistencia o inconsistencia y volubilidad de criterios de educación .

En este apartado de factores de riesgo es de hacer un llamado a las autoridades competentes respecto a que en la actual crisis de valores, la proliferación de la violencia en los medios de comunicación, casi siempre gratuita e injustificada, provoca insensibilidad hacia la misma y la alienta como valor; y de ello no sólo son víctimas los niños , a quienes se les puede regular el uso de la televisión; sino también los adultos, que son los encargados de educar a los niños, lo que explica la cada vez mayor pasividad de los padres ante la creciente agresividad de los hijos, inconscientes unos y otros del riesgo.

Detectar el trastorno de conducta puede inducir a confusión en un principio, porque algunos de los síntomas pueden formar parte de la etapa evolutiva de la persona, pero se diferencian porque los niños con trastorno de conducta los padecen con más frecuencia y violencia, y, además, no mejoran con la edad, al contrario; ni conllevan una sensación de remordimiento o arrepentimiento; al contrario, se viven más como “hazañas, triunfos”.

Algunos de estos síntomas son: Ira intensa, ataques de furia o pataletas, extrema irritabilidad, impulsividad extrema, o frustrarse con facilidad; placer por destruir. Estos síntomas suceden en forma individual; no debe confundirse con un comportamiento antisocial a nivel de grupo, como el de las maras.

De no tratarse el problema adecuadamente, el pronóstico no es bueno. Hay bastantes posibilidades a futuro de terminar siendo una persona nociva para la sociedad en la vida de adulto. Los varones proyectarán su agresividad de una forma más violenta y evidente, mientras que las hembras lo harán de forma menos espectacular, como la promiscuidad, por ejemplo. En los casos más severos no llega a haber diferencia entre uno y otro sexo.

5 thoughts on “CONDUCTAS AGRESIVAS

  1. MI ESPOSO ES ALCOHOLICO Y POR ENDE SE GENERA ACCIONES DE VIOLENCIA FAMILIAR COMO QUE EN GRAN MANERA ESTA PERJUDICANDO A MI S HIJOS PSIQUICAMENTE POR LAS CONTINUAS VIOLENCIAS NO SE COMO SALIR DE ESTE HOYO DONDE ME ENCUENTRO

  2. Por lo menos 4 factores de los enumerados son cronicos en la familia salvadorena:

    Estres economico, cultura violenta, separacion matrimonial, desestructuracion familiar.

    Que futuro mas oscuro le depara a El Salvador?

    Excelente ilustracion Doctora, Gracias.

  3. Noemi, si su esposo no hace nada por superar su adicción al alcohol, no hay mucho que se pueda hacer, más que separarse de él. Siempre he dicho que no hay nada más sano que una familia estructurada y en armonía, pero también que una familia separada es una opción mucho mejor que convivir con la violencia. Cuando hay una disfunción tan fuerte como la violencia familiar por culpa del alcohol, no es posible la situación ideal, a no ser que la persona alcohólica se ponga en tratamiento, y no siendo posible la situación ideal, hay que buscar la solución menos mala.

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