Sep
9

DESPUES DE LA LUNA DE MIEL

Tradicionalmente, en los preparativos de una boda nos preocupamos de que todos los invitados queden satisfechos, y hasta deslumbrados, como si los protagonistas fuesen ellos, aún a costa del estrés que impide disfrutar debidamente de la ceremonia a sus verdaderos protagonistas, y que nubla la conciencia de la verdadera dimensión y trascendencia del compromiso que se está adquiriendo.

Por tradición también, la luna de miel ha tenido el especial aliciente de descubrir mutuamente en toda su dimensión una sexualidad reprimida hasta entonces; aunque en la actualidad, superados los tabúes sexuales, tiende a constituirse más bien en un rito en el que la celebración de la boda se prolonga en la intimidad, aún bastante inconscientes de las dificultades que el correr del tiempo va planteando a la convivencia conyugal, o quizás convencidos de que el amor lo va a resolver todo, aunque ajenos a que ese amor de la fase inicial suele ser tan frágil y efímero como intenso y bonito; y difícilmente sobrevive a los primeros años de matrimonio, o a sus primeros contratiempos serios.

Es como una llamarada de tusa, muy intensa, muy llamativa, pero que probablemente no va a durar mucho, y cualquier viento la puede apagar. Si simplemente nos limitamos a disfrutar observando cómo arde, cuando ésta se apague no tendremos nada. Pero si le vamos poniendo unos palitos encima, éstos habrán prendido cuando la tusa se apague. Tal vez su llama no sea tan viva como aquella, pero va a durar más; no tan fácilmente se apagará con el viento y ya va a calentar un poco. No obstante, también terminará apagándose. Pero si con los palitos hemos conseguido encender un buen tronco, ni siquiera sentiremos cuando los palitos se apaguen. No tendremos una llama intensa, pero tendremos calor asegurado por mucho tiempo. El viento que apagaba la tusa, ahora, en cambio, avivará el fuego del tronco.

La maduración del amor conyugal sigue un proceso similar. Ni se puede dejar que la tusa se consuma sin más, ni se puede pretender que encienda un tronco de repente. Si el amor no es alimentado progresivamente, terminará apagándose, aun cuando formalmente el matrimonio continúe adelante. Las diferentes circunstancias también pueden apagarlo, pero ello será tanto más difícil cuanto más maduro esté ese proceso.

Pero ni todas las maderas arden bien, ni toda la tierra es fértil, por mucho que se la cultive, ni cualquier tierra sirve para cualquier semilla. Este es precisamente un aspecto fundamental a considerar durante el noviazgo, y que se supone ya debería ser conocido al pensar en la boda, porque si estas condiciones iniciales fallan, es probable que la relación fracase, por más que se pretenda lo contrario.

Otra cosa muy diferente son las dificultades inevitables que la vida conyugal irá planteando. Todo año tiene sus días de sol, de lluvia y de viento, y es precisamente eso lo que alimenta la propia vida y la perpetúa. Muchas parejas se miran el uno al otro antes de la boda, para después mirar cada quien para su lado. La boda no es la culminación de un proceso amoroso, sino el principio de una gran responsabilidad. Soñar con la boda es bonito, y hacerla realidad es fácil; lo que casi nadie hace es soñar con cumplir cincuenta años de unión y eso es lo que verdaderamente justifica una gran celebración, porque ahí es donde está el éxito, y ello requiere mirar ambos al frente y en la misma dirección cada día.

2 thoughts on “DESPUES DE LA LUNA DE MIEL

  1. Excelente articulo Dra., la verdad muchos caemos en el error de pensar que amar es facil, amar es un arte como lo plantea Fromm, un arte que dominado, nos enseña a dar y no a esperar recibir, pues la satisfaccion del dar nos hace felices, dar nuestro tiempo, dar nuestras palabras, nuestros pensamientos, dar de nosotros, y de esa forma amamos. La mayoria cae en el error de pensar que lo dificil es encontrar al objeto amoroso, llamese pareja, y no la dominacion de una disciplina (el amor) que nada tiene que envidiarle a otras disciplinas como la musica, la pintura, etc., cuando es todo lo contrario, una vez aprendemos a amar, encontrar a quien amar no es necesario, pues nos amamos a nosotros mismos y somo capaces de amar a cualquier persona de una gran diversidad de formas.

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