Jul
21

EL ASPECTO EDUCATIVO DE LAS MASCOTAS

Desde siempre el ser humano ha buscado domesticar animales y convivir con ellos. En el medio rural, el animal doméstico juega un papel muy importante en la vida cotidiana. Ofrece compañía, ofrece vigilancia, y ofrece parte del alimento que se consume. La forma de vida urbana no contempla ese papel para los animales; de hecho, no contempla ningún papel para ellos, pero pareciera que el hombre se resiste a prescindir de su compañía, y los adopta como mascotas. Indudablemente, el apego a los animales, así como a las plantas, es una expresión del vínculo entre el hombre y la naturaleza en la que ha sido creado, y que un fenómeno de urbanización mal interpretado tiende a ignorar o a convertir en artificial.

No obstante, la realidad urbana actual es inevitable, y no queda más remedio que adaptar el papel de los animales a la misma. La mascota no es más que el resultado de esa adaptación, que nos permite mantener ese contacto. Pero tengamos bien claro que tener una mascota no consiste únicamente en tener un animal en casa. Esa adaptación del animal a la vida urbana requiere de una tarea de educación y de control que no es tan sencilla de llevar. El animal requiere de una serie de atenciones en los aspectos alimenticio, higiénico y sanitario que él, por sí solo, no se puede procurar. El animal debe ser educado para que ensucie únicamente donde sea fácil de limpiar y no cause molestia a los demás, ni a nosotros mismos. Igualmente, los sonidos que emite tampoco deben ocasionar molestia, ni debe implicar riesgo alguno para la seguridad física de las personas.

Todas estas cosas deben tomarse en cuenta antes de tener una mascota. Ello supone un compromiso que son capaces de llevar aquellos que verdaderamente quieren a los animales, pero que a la larga podría resultar un poquito pesado para aquellos que simplemente tuvieron el capricho de una mascota en un momento determinado.

Para los niños, además de ser un vínculo de integración a la naturaleza, tal vez de los pocos que vayan a conocer en su vida, puede ser un buen compañero de juego, así como un buen argumento para que se inicien en la responsabilidad de cuidar y educar. No obstante, eso no supone descarga de responsabilidad para los padres; al contrario, tendrán que cuidar y educar a la mascota, y educar al hijo para que aprenda a ir asumiendo esa responsabilidad por sí mismo.

Los adolescentes sí deberían tener ya madurez suficiente para responsabilizarse del cuidado de una mascota, y si optan por tenerla, debe servirles para proyectar esa madurez. Por si no fuera así, nuevamente los padres deberán respaldar esa responsabilidad. Si los padres no están en disposición de avalar el interés de los hijos por una mascota, habría que plantearse si conviene tenerla.

Aunque una mascota puede ser un compañero de juego, en ningún caso es un juguete. Los animales tampoco deben ser protagonistas de episodios que, por muy naturales que sean en la vida misma, son convertidos en macabros espectáculos para entretener a algunas personas. En los zoológicos muchos animales se alimentan de otros animales, muertos o vivos, pero el hecho de que se pongan a la venta animales vivos para ser arrojados como alimento por los visitantes para su goce, convierte a la parte cruel de la vida en un show de circo romano, propio de hace dos mil años, que destruye la sensibilidad humana por la crueldad.

Independientemente de que optemos o no por acompañarnos de una mascota, todos debemos tener una mentalidad más integradora y universal con respecto a los animales y cualquier elemento de la naturaleza. Nuestra casa no es sólo las cuatro paredes de alrededor, nuestra casa es el mundo, y hay infinidad de mascotas.

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