May
10

EXPULSADO DEL COLEGIO POR ACOSO SEXUAL

Este era el titular de una noticia que recientemente leí. Tiene bastante que ver con el tema tocado en el blog anterior sobre la exposición al contenido sexual en la televisión, o los medios de comunicación en general, solo que en este caso no fue un adolescente, sino un niño de apenas seis años en Estados Unidos, quien, mientras hacía cola en el comedor del colegio, le canto a una compañera la canción “I´m sexy and I know it” (Soy sexy y lo sé).

He de reconocer que, en principio, me llevé las manos a la cabeza, preguntándome hasta qué punto se puede ser estricto, tanto en la valoración de lo que es acoso sexual, como en el castigo impuesto. Luego, al ir leyendo la noticia, me fui quitando las manos de la cabeza. La expulsión era solo por tres días, y el niño era ya reincidente en cantar dicha canción, habiendo sido advertido anteriormente por el director de no volver a hacerlo.

Aún así, seguía pensando que era excesivo considerar eso como acoso sexual; pero es que realmente yo no conocía dicha canción, ni el contenido de la misma, así que visualicé el video (http://www.elmundo.es/america/2012/05/05/estados_unidos/1336217519.html) para ver qué había detrás de dicho título. Me pregunto si el niño simplemente cantó ese estribillo, o lo acompañó con el baile que puede verse en el video, pero en cualquier caso entiendo que cualquier director de colegio conocedor de la canción asocie el estribillo con ese baile y ponga el grito en el cielo de que un niño de seis años haga broma con él.

Y digo a propósito la palabra broma porque me resisto a creer que se tratara realmente de acoso sexual en este caso, pero aún como broma, y con reincidencia, me parece sobradamente grosera como para quedar impune. Alguien tiene que hacer algo para que el angelito piense en bromas más sanas e infantiles. Ahora bien, ¿Quién es el responsable de la conducta de este niño? Es fácil pensar que los responsables son los padres, porque los padres siempre son responsables de la educación de sus hijos.

Pero sabiendo que en infinidad de casos los padres no asumen adecuadamente su responsabilidad, bien sea por desestructuración familiar, o porque la evitan, o bien porque no saben manejar aspectos complejos de la educación de sus hijos, ¿no sería posible que las administraciones públicas pongan un poquito el freno al contenido inadecuado de los medios de comunicación? No es posible que el daño moral y educativo de dichos contenidos pueda ampararse en una libertad de expresión mal entendida.

Siento que a los padres, a quienes nadie les enseña a ser padres ni cómo educar a sus hijos, ni se les exige tener el título universitario de “padres”, se les viene encima una tarea cada vez más complicada por el daño que hacen ciertos contenidos de los medios de comunicación. Si se les suelta un toro cada vez más bravo, habrá que enseñarles a torear muy bien ¿no? De lo contrario, por favor, sujeten a los toros bravos. En la falta de control sobre dicho contenidos hay tanta culpabilidad como en la pasividad o ineficacia en la labor parental.

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