Ago
15

INYECCIONES DE AUTOESTIMA

En sendos blogs publicados recientemente (http://dramendozaburgos.com/blog/relaciones-humanas-virtuales/ y http://dramendozaburgos.com/blog/exhibicionismo-en-las-redes-sociales/) analizaba e interpretaba el comportamiento que tenemos la gran mayoría de las personas en las redes sociales. Hablaba de la tendencia que tenemos a querer provocar la envidia de los demás, así como de la tendencia al exhibicionismo. El tema da para bastante, y en esta ocasión voy a hablar de otro aspecto importantísimo que mucha gente busca en las redes sociales, inyecciones de autoestima.

A nadie le molestan los halagos, y, de igual manera que las críticas de los demás tienden a dañar nuestra autoestima, el que te los demás hagan un reconocimiento positivo sobre nosotros tiende a reforzárnosla. De este modo, muchas personas utilizan las redes para forzar una sobreexposición de su imagen, o de la parte positiva de su imagen, con el fin de provocar una respuesta positiva de los demás. Si el exhibicionismo del que hablaba en el otro blog frecuentemente tiene como objetivo provocar envidias, la sobreexposición pretende provocar comentarios como “qué bonita te ves”, o “hermosaaaaaaa…”, o algo similar; o, simplemente, que te den un like, que es la forma más sencilla de cumplir por parte de los demás con ese protocolo casi obligado de mostrar aprobación. ¿Y qué diferencia hay entre el exhibicionismo y la sobreexposición en las redes? Algunas sutiles y una fundamental: la intención con que se hace.

Habitualmente se hace mediante fotografías personales que se postean en las redes, ya que hoy día la tecnología permite tomar la foto y subirla inmediatamente a las redes, y porque la imagen física es lo más importante para la mayoría de personas. Sin embargo, es común también encontrar personas, para quienes la imagen espiritual es más importante que la física, que sobreexponen esa imagen espiritual en las redes posteando constantemente mensajes profundos y grandilocuentes de filósofos, sabios, etc. Algunas veces dogmáticos, sesgados y tendenciosos, particularmente los referidos a temas religiosos, pero habitualmente tan verdaderos e innegables como lejanos a la vida terrenal cotidiana.

Comparaba también ciertas actitudes exhibicionistas comunes en las redes con lo absurdo que resultaría ese mismo exhibicionismo en la vida real. En el caso de la búsqueda de la aprobación de los demás, no resulta absurdo hacerlo también en la vida real. De hecho, se hace igualmente, siempre se ha hecho; pero en la vida real, provocar dichas situaciones resulta más complicado, y más difícilmente encontraremos la aprobación de los demás, porque esa sobreexposición en la vida real, si no se hace muy sutilmente, resulta más evidente y tiende a provocar rechazo más que aprobación.

De hecho, resulta curioso que muchas personas que tácitamente desaprueban a alguien que se expone demasiado en la vida real, sí harían un comentario positivo, o darían un like a esa misma persona cuando se sobreexpone en las redes. Pero en realidad no es tan extraño. Fingir aprobación en la vida real es más difícil; en las redes es tan sencillo como dar un click, y con ello se cumple un protocolo no escrito, pero real, que existe en las redes, que es precisamente ese, el hacer sentir bien a los demás. Por eso las redes parecen un gran invento para quienes buscan subir su autoestima.

Sin embargo, no debemos olvidar que nuestra autoestima real debe basarse en nuestra imagen real, que es la tenemos en la vida real. Cuando la imagen que proyectamos en las redes es solo la parte bonita de nuestra imagen, la que queremos que los demás vean; difícilmente podemos esperar que la respuesta en los demás sea auténtica, y la autoestima que logramos con ella es falsa. Las redes sociales cumplen una función importante, pero deben interpretarse con cautela. En cierto modo, la relación humana en las redes puedes llegar a ser mucho más hipócrita que en la vida real, porque es mucho más manipulable, y porque no hay una convivencia real, cara a cara, que es la que proyecta la imagen de las personas en su verdadera dimensión, y, por tanto, la que recibe respuestas auténticas. Es cada vez más común encontrar personas que triunfan en las redes sociales a la vez que fracasan en las relaciones humanas de la vida real.

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