Abr
29

LA CULPA DE LA SOCIEDAD

Cuando he hablado sobre el problema de la violencia juvenil, he apuntado a la familia y a la propia sociedad como responsables. Y aunque son muchos los que no se equivocan al entender la responsabilidad de la familia en la degeneración de su estructura y la negligencia en el cumplimiento de su rol, son muchos también los que se preguntan: “Bueno, y la sociedad ¿por qué?”.

Por tres razones principalmente. La primera es que fomenta la polarización de su propia estructura, y la sensación de marginación de los sectores más desfavorecidos. La atroz presión comercial en la que se apoya nuestro modelo económico invita a todos a un consumismo desmedido, al que no pueden tener acceso sectores sociales muy amplios. El querer y no poder genera una frustración en la persona, una sensación de marginación, una baja autoestima, y, en definitiva un daño psicológico del que no nos percatamos, y que puede degenerar en conductas violentas que revierten contra la propia sociedad que le daña; que le ofrece tanto sin darle la oportunidad de tener nada.

La segunda razón es que va imponiendo nuevos valores que tienden a hacer cada vez más difícil la labor educativa de la familia; por ejemplo, el dinero, el sexo, el poder, la agresividad, la violencia, o el propio consumismo, son valores muy en alza, que se difunden con extraordinaria fuerza a través de los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales; y ante los que la familia se siente cada vez más impotente, especialmente si no tiene criterios firmes y un mínimo conocimiento del manejo de la educación de los hijos. En muchísimos casos los medios audiovisuales tienen más control sobre la educación de los hijos que la propia familia.

La tercera es que propone también valores como la frivolidad en la sexualidad, y en general en la relación hombre – mujer, la libertad sexual y la infidelidad, la prepotencia y autosuficiencia, o el interés por el dinero o el poder; que, junto a otros tradicionales como el machismo, van desplazando a la responsabilidad educativa de los hijos como valor fundamental, e, indirectamente, tienden a desestabilizar la estructura familiar, y, por tanto, a debilitar su capacidad de ejercer su cada vez más difícil rol formativo.

Del mismo modo que desde que se empezó a advertir sobre los peligros medio-ambientales del tradicional modelo de desarrollo industrial, tuvieron que pasar treinta años para que se tomaran medidas al respecto, que veinte años después a penas empiezan mínimamente a cumplirse; aún falta algún tiempo para que la sociedad sea consciente de su propia responsabilidad en el flagelo de la violencia juvenil (y social en general); más aún para que tome medidas; más aún para que empiece a cumplirlas, y más aún para que tengan efecto.

Habrá quienes me tilden de catastrofista, pero les diré que hace ya casi veinte años que regresé al país, recién terminada la guerra, y empecé a advertir (y no solo yo) sobre lo que se avecinaba si no se empezaba a prevenir el problema. Naturalmente no fui escuchada, y lamentablemente el tiempo me dio la razón. Tendremos que tocar fondo, como siempre, para empezar a preguntarnos qué fue lo que pasó, y cómo salir del pozo. Muchos pensarán que ya estamos en el fondo. Créanme que no; aún estamos bajando; aún falta. Vuelvo a hacer la advertencia con la seguridad de que, una vez más, tal vez escucharé “¡interesante artículo!”, y ya, a la papelera.

2 thoughts on “LA CULPA DE LA SOCIEDAD

  1. BUENO tambien hay jovenes que pasaron por todo esto que nombra el articulo, y sin embargo, se han esforzado x estudiar, trabajar, ser honrados, honestos…. me queda duda que sea culpa de la sociedad…. porque yo tambien fui pobre, me faltaron cosas escenciales, y sin embargo estudie…. y sali adelante, fue la unica herramienta que encontre, estudiar. Lastima q no hay estimulo suficiente para eso. Saludos.

  2. María, la felicito por haberse superado en condiciones adversas, así como otras personas que también lo hacen, como usted menciona. A lo que yo me refiero es que no son muchas las personas capaces de hacerlo. Las condiciones desfavorables, que no consisten simplemente en la pobreza, en la mayoría de los casos, no provocan estímulo para superarse. Usted misma lo menciona; se trata de estímulo. Cuando hay unos padres, o aunque sea una madre sola, capaz de apoyar y estimular a sus hijos de verdad, esa ya es en sí misma una grandísima condición favorable, aunque haya otras desfavorables, como la pobreza.

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