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LOS NUEVOS HEROES

Recuerdo, hace algún tiempo, la noticia de un escolar adolescente lanzando una granada contra un microbús en el que viajaban alumnos de otro centro educativo. El tipo de conflicto no era nuevo; la estrategia sí; pero lo más llamativo fue observar la tranquilidad del protagonista al ser detenido, y su cara de satisfacción por “el deber cumplido”, por “el éxito de la operación”… En definitiva, por su “hazaña”.

De igual forma, en el caso de las maras, la aceptación se basa en la capacidad para hacer daño, y el ascenso en la jerarquía y el liderazgo se basa en la capacidad para organizar el daño. En cualquier caso, el éxito siempre se basa en el daño causado, y ello convierte a los autores en héroes entre sus pares y en modelos a imitar.

Tradicionalmente, los héroes que han tenido los adolescentes eran personajes de ficción con poderes especiales para luchar contra el mal en favor del bien. A veces se ha tratado de personajes, como los bandoleros, El Zorro o Robin Hood, que actuaban al margen de la ley, pero presentando a una ley injusta como el mal, de modo que el héroe favorecía la justicia y el bien. Héroes más recientes, como Rambo, ya presentan alguna duda respecto a alguno de sus valores.

Pero casi sin darnos cuenta se está incubando un significativo sector de una nueva generación que prefiere héroes con los valores invertidos. Muestras de ello ya ha habido suficientes; la mencionada es sólo una más. Este tipo de actos, está cada vez más generalizado porque los trastornos de conducta que sufren los niños y adolescentes de hoy día aumentan más que sensiblemente, tanto en población afectada, como en severidad, y ello conlleva dos cosas: 1- tendencia a identificarse precisamente con estos “héroes de valores invertidos”. 2- baja autoestima que les impulsa a destacarse de alguna manera; si no puede ser positiva, pues negativa.

El problema, que ya es una realidad más que preocupante, no sólo a nivel nacional, sino mundial, es potencialmente mucho más preocupante aún, y nos va a desbordar en un futuro cercano, si es que no lo está haciendo ya. Es necesario estudiarlo en profundidad a nivel multidisciplinario, involucrándose incluso los medios informativos, puesto que la información que se ofrece orientada a gente normal puede no ser asimilada de la misma forma por personas con trastorno de conducta.

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