Nov
25

MATRIMONIO IMPERFECTO

Legalmente, el matrimonio es un estado civil; psicológicamente no es un estado, sino todo lo contrario, un proceso dinámico que evoluciona y atraviesa múltiples fases; algunas provocadas por circunstancias coyunturales externas, y otras naturales, típicas e inherentes a la propia dinámica conyugal. Cabe señalar, en primer lugar, la clara diferencia entre los conflictos y las crisis conyugales. Los conflictos, en diferente forma y medida se dan de una forma más o menos frecuente. Son algo normal en cualquier tipo de relación humana, y con mucha mayor razón lo son en una relación tan estrecha como la conyugal.

Quisiera en este espacio deshacer el mito del matrimonio perfecto, como aquel en el que no hay conflictos y todo va siempre bien. Eso es a lo que muchas personas aspiran, precisamente por esa imagen mítica que la cultura enseña y que muchos pretenden ofrecer. Y ese es precisamente el mayor error, porque ese modelo de matrimonio perfecto es una quimera; simplemente no existe. Los conflictos existen siempre; son inevitables. Mejor que enseñar algo irreal como modelo, sería mucho más útil educar en la resolución positiva de conflictos y en la prevención de los mismos.

No existe matrimonio en el que no haya conflictos; lo que sí sucede a veces es que los conflictos se reprimen, pretendiendo con ello responder a ese utópico modelo de matrimonio perfecto con el que muchas personas han sido educadas. Pero el conflicto reprimido sigue ahí, internamente afectando a cada miembro de la pareja. Y lo peor es que esa represión tiende a perpetuarlo y obstaculizar con ello su resolución.

La existencia de conflictos no significa que haya crisis, siempre y cuando los conflictos se resuelvan adecuadamente. Hay conflictos leves que fácilmente se pueden prevenir o resolver, pero que su acumulación termina generando crisis, precisamente por la falta de educación en su resolución. Otros conflictos son más graves por naturaleza, pero también pueden prevenirse o resolverse. Entre los conflictos graves que más comúnmente dan lugar a crisis, están la intromisión de los familiares en la vida conyugal, la disparidad de intereses o de valores, la discrepancia de criterios respecto a los hijos, y, por supuesto, las infidelidades, y el maltrato físico o verbal.

En conclusión, la no resolución de los conflictos, aun cuando no sean graves, puede dar lugar a crisis. Algunos de los conflictos graves son de difícil resolución, e inevitablemente conducirán a una crisis seria. La represión interna de conflictos también puede dar lugar a crisis, cuyos síntomas también tienden a reprimirse. Las crisis tienden a separar el matrimonio en primera instancia, y será en función de cómo se maneje esa crisis que lo separará definitivamente, o por el contrario incluso lo fortalecerá, o bien supondrá simplemente un “stand-by” hasta que llegue la siguiente crisis. Lo que diferencia un buen matrimonio de un mal matrimonio no es la existencia o no de conflictos, sino la forma en cómo se manejan.

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