Jun
16

MILLENNIALS

Este es el nombre que se da a una generación, la de aquellos nacidos, aproximadamente, en las dos últimas décadas del pasado siglo. Cada generación tiene sus características y sus valores, que, frecuentemente van más allá de ser una simple curiosidad, y trascienden y afectan en diferentes formas a la estructura social de una nación. Los millennials no son una excepción, por lo que quiero dedicar un espacio a analizar un poco cómo son, en que se diferencian de otras generaciones, y como ello puede afectar a la estructura social.

Las causas de estas características y valores frecuentemente están relacionadas con la aparición y uso de bienes de consumo que han revolucionado la forma de vivir de las personas, como sucedió con los que ahora forman la tercera edad con el automóvil y la televisión. En el caso de los millennials, es la tecnología de consumo la que determina en gran medida su forma de ser y de pensar. Me refiero a las computadoras, internet, smart phones y redes sociales. Esta generación nació sin todo esto, y en algún momento a lo largo de su niñez, adolescencia o juventud estas tecnologías aparecieron y ellos se ha integrado fácilmente a ellas. Prácticamente no existe millennial que no se haya integrado a ellas de alguna forma, independientemente de su condición social, y las utilizan literalmente para todo. Si las nuevas tecnologías desaparecieran, esta generación no sabría cómo sobrevivir.

Los millennials suelen ser más independientes y menos necesitados de la relación directa con otras personas. No necesitan la relación con gente del comercio tradicional porque compran mayormente online. No necesitan pasar tiempo con sus amistades porque sus amistades son online. No necesitan pasar tiempo con su familia porque la familia no es una prioridad, al contrario, es un estorbo para su independencia, y a esa edad, normalmente aún no se ha experimentado, o no se han dado cuenta, de que la familia es la que sigue ahí apoyando cuando otras cosas fracasan.

Los millennials suelen ser poco románticos y bastante prácticos. Separan completamente el amor de la relación sexual, de modo que son menos proclives a enamorarse y su necesidad sexual se ve satisfecha sin que el amor medie de por medio. Frecuentemente ni se enamoran, ni siquiera lo pretenden. Muchas veces la relación de pareja no es profunda, sino más bien una relación de interés sexual. Creen muy poco en el matrimonio, ni siquiera en la relación estable de pareja. Aun cuando se enamoran no buscan la trascendencia. La relación consiste en pasar un tiempo agradable juntos, dura lo que dura, y cuando se acaba, ya habrá otra.

Suelen ser más individualistas, egoístas y narcisistas, también poco comprometidos con causas sociales mientras no les afecten directamente a ellos. Suelen ser desconfiados, tanto de otras personas, como de afiliaciones políticas o religiosas. El acceso a la información que han tenido desde muy pronto les ha hecho aprender de ella lo que generaciones anteriores aprendían en carne propia antes de volverse desconfiados. Suelen tener un nivel educativo elevado, sin embargo, no necesariamente buscan que ello se traduzca en mayores ingresos. Priorizan la satisfacción con las condiciones laboral en las que están, a la remuneración económica.

Suelen ser comodones. Se dedican mucho a aquello que les gusta y nada o casi nada a tareas que no son de su agrado, como tareas domésticas, aun cuando sean necesarias. Por tanto, frecuentemente no pierden tiempo en cocinar o hacer limpieza, y el desorden de su espacio personal suele ser bastante característico. Por otro lado, suelen ser bastante francos y honestos, carentes de prejuicios, abiertos a otras ideas y tolerantes con aquello que es diferente a ellos.

Esto es simplemente una radiografía general de esta generación, sin pretender juzgar si es bueno o es malo. Puede que en algunas cosas sea peor, y en otras mejor. Simplemente es como es, y como tal debe asumirse sin pretender cambiar lo que no se puede cambiar. Somos las generaciones anteriores las que juzgamos, y lo hacemos con bastante subjetividad. Ellos, por el contrario, no juzgan. Viven la vida que quieren vivir y no pretenden cambiar la de los demás. Eso sí, acostumbrémonos desde ya a un descenso de la natalidad y renuncia al modelo tradicional de familia estructurada.

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