Oct
14

MODELO EDUCATIVO DE LOS HIJOS

Sería un error hablar en general de un modelo educativo ideal; en primer lugar porque el modelo educativo depende, entre otras cosas, de dos variables inevitables: la cultural, y la propia personalidad de cada hijo. La primera de ellas podría permitir un modelo para cada cultura o subcultura, pero la segunda variable hace que sea imposible generalizarlo. Incluso dentro de la propia familia sería un error aplicar exactamente el mismo modelo a todos los hijos, que es lo que muchos padres hacen, entendiendo que, de este modo, están siendo justos y equitativos. Algunos criterios que son válidos y funcionan con un hijo, pueden no serlo con otro. Cada hijo necesita su propio modelo personalizado, y ello requiere un profundo conocimiento de cada uno de ellos.
No obstante, sí existen unos criterios generales fundamentales con los cuales hay una probabilidad alta de una formación integral bastante completa. El que esa probabilidad disminuya o se convierta casi en una garantía dependerá luego del acierto en el modelo educativo específico aplicado a cada hijo, al cual se aludía anteriormente. Un modelo educativo adecuado requiere de algunas condiciones generales:

• Estabilidad, claridad y unidad de la estructura familiar. Favorece la estabilidad psicoemocional del individuo, y la fijación de los valores. Favorece la formación humana en general.
• Conciencia clara y permanente de cuál es el objetivo: Una formación integral. Si no hay esta conciencia difícilmente se pondrán los medios necesarios para conseguir el objetivo.
• Principios claros y firmes que guíen a la familia: la lealtad, el respeto, el diálogo, el consenso, el esfuerzo, la superación, el afecto, la sanidad, la intimidad, etc.

Algunos criterios generales para un modelo educativo adecuado son:

• Límites. Los hijos necesitan límites, referencias; saber qué no se puede, y qué se puede, y hasta dónde. Los límites deben establecerse en la frontera entre el derecho individual y lo que es perjudicial para los demás, o para sí mismo. Deben ser límites generales. Puede haber algunos específicos, pero no muchos. En todo caso deben ser claros y firmes.
• Protección, pero sin sobreprotección. Si no aprenden a solventar sus propias necesidades y dificultades, difícilmente lo harán en el futuro; no podrán ser verdaderamente independientes.
• Evitar cualquier tipo de maltrato, físico o verbal. Sin embargo, en algunas ocasiones, depende de cada hijo, puede ser pertinente alguna acción física o verbal “no cordial”, siempre que sea esporádica, oportuna, tenga una clara justificación, y no sea dura ni humillante.
• Respeto y fomento de su individualidad. Dar ejemplo, o ser modelo no significa que los hijos deban ser como los padres. Apoyar sus iniciativas de todo tipo para detectar sus talentos y fomentarlos y para detectar sus debilidades y ayudar a superar o sobrellevar las inevitables, y evitar las evitables.
• Autoestima, pero no falsa autoestima. En el marco de las condiciones y criterios anteriores el niño debe tener alta autoestima en forma natural, real y cierta. Fortalecer la autoestima es construir ese marco lo más completo posible. El falsear la realidad para apoyar la autoestima significa construir una autoestima falsa que antes o después se derrumbará.
• Firmeza, tolerancia y flexibilidad. Firmeza es la seguridad y coherencia con que se establecen y aplican los criterios; tolerancia es la capacidad para admitir infracciones sin que ello dé a entender que los criterios han cambiado. Flexibilidad es la capacidad para retroalimentar y modificar los criterios según las circunstancias y los resultados. Conjugar simultáneamente los tres conceptos no es tan sencillo, pero es parte de la clave del éxito del modelo educativo.

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