Dic
19

NAVIDAD, ALEGRIA… NO PARA TODOS

Tradicionalmente se ha asociado a la época de Navidad una imagen de alegría y de felicidad. Independientemente de su significado religioso, desde hace mucho tiempo ha quedado instituida socialmente como la época de reunión con los seres queridos, especialmente con aquellos con los que, por la distancia, el contacto no es muy frecuente. Pareciera que obligadamente es una época para compartir y pasarla bien. La publicidad, que en esa época ejerce mayor presión mediática que en ninguna otra, contribuye a fomentar esa imagen.

Pareciera que en Navidad no puede existir otra cosa que no sea alegría; sin embargo, no es así. Mucha gente vive la Navidad con un sabor agridulce; algunos porque la alegría por la reunión con los familiares y seres queridos se ve empañada por la silla vacía de alguien que tiempo atrás la ocupaba, y que ya no está; y cuya ausencia se percibe en esta época de una forma especial, de la misma forma especial que se siente la presencia de los demás. Otros porque con una alegría aparente, superficial, frívola, y hasta forzada, tratan de esconder la frustración de no  poder ver reunidos a sus familiares por existir diferencias “supuestamente insalvables”; o por no haber sido capaces de forjar una cohesión familiar que invitara, al menos, a este acercamiento anual. Otros porque se involucran en una serie de compromisos, a veces innecesarios, a veces incluso, completamente alejados del verdadero espíritu de la Navidad, y que les ocasionan una preocupación y un estrés que, lejos de permitirles disfrutar, les pone de mal humor. Otros porque, por la razón que sea, simplemente están solos, y la soledad también se siente en forma especial en esta época.

Y en general, cada vez más se tiene la experiencia de que estos días acaban dejando una sensación de hastío, y hasta de depresión, porque, en el fondo, no dejamos de reconocer la creciente futilidad e hipocresía que suele rodear estas fiestas. Hay cada vez más personas que afirman odiar la Navidad porque dicen que es una farsa, un montaje comercial que disfraza con papel de regalo lo mal que está nuestro mundo. Basta una mínima reflexión para darnos cuenta de que aunque existe una fuerte presión mediática que nos puede hacer verla de esa manera, en realidad la Navidad no es eso; es otra cosa; algo tan sencillo como reunirse y dar un repasito a unos cuantos valores que están simbolizados por Jesús, y que son precisamente los que permiten que el mundo funcione.

Inevitablemente, todos nos vemos envueltos en esa parafernalia cada vez mayor que rodea la Navidad. Parece que a nosotros mismos nos cuesta entender cómo algo tan grande puede ser, a la vez, algo tan sencillo, y nos dejamos llevar por dicha presión, tratando de adornar, complementar y engrandecer exagerada e innecesariamente la Navidad con infinidad de regalos, comidas, licores, viajes, etc; pero a la vez, desvirtuándola. No sabemos ver dónde está la grandeza de la Navidad. Si existe una farsa, es precisamente ese exceso de parafernalia; pero no la Navidad en sí misma. Si tratamos de no poner mucha atención al montaje mediático y de vivir la Navidad simplemente como lo que es, con seguridad evitaremos la sensación de hastío, depresión, y de odio a la Navidad.

Las otras razones que tienden a apagar la verdadera y sana alegría de esta época también son superables en mayor o menor medida. Si el sabor amargo es porque pasa horas cocinando el pavo, para que luego algo falle y encima se lo hagan ver en la mesa, no se complique; llévelo ya cocinado y dedique esas horas a compartir, que para eso son. Si le angustia no poder comprar regalo a todos los de la lista, regale simplemente lo más bonito: una llamada, un abrazo sincero, un beso…; es gratis y quedarán encantados, y usted también. Complicarse la vida es opcional.

Para quienes estén enemistados con sus familiares, la Navidad puede ser un excelente pretexto para iniciar un acercamiento, aunque si prefiere sentirse ofendido que sentirse querido; también es opcional. Aquellos que simplemente están solos, podrían tomar la iniciativa de contactar con otros en similar circunstancia, que son bastantes, y reunirse entre ellos; aunque siempre hay quienes prefieren la soledad; eso también es opcional. Con respecto a los que no pueden ver reunidos a sus familiares por no haber creado en el pasado una cohesión familiar que invitara a ello, para estos no hay receta. Si el imán no se fabrica en la etapa oportuna, luego es difícil hacer que funcione.

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