Oct
17

SI A LA VIDA, SI A LA PLANIFICACION

En las últimas semanas ha estado de actualidad el tema del aborto en nuestro país a raíz de las críticas internacionales recibidas por su extrema e inflexible penalización, y la consiguiente reacción de sectores ultra conservadores de nuestra sociedad. Ello ha provocado un debate en la Asamblea que no ha hecho sino mostrar la marcada polarización social que existe sobre este tema. Nada nuevo; no es la primera vez, ni será la última, porque cada vez que sucede no se avanza absolutamente nada en el debate, sino, al contrario, se buscan únicamente argumentos para fortalecer posiciones radicales y no para dar solución a un problema. No ayuda tener la sensación de que sean instituciones internacionales las que tratan de dictar lo que debe hacerse en El Salvador, y menos aún que desde alguno de los sectores ultraconservadores internos se dé una vuelta de tuerca más a la sinrazón al afirmar que hasta los sueños húmedos masculinos son también aborto.

Y es que no se ve, o no se quiere ver cuál es el problema real. Para los sectores más conservadores, el aborto es el problema en sí mismo; para los sectores enfrentados, el aborto es la solución, y el problema es que que no exista esa solución. Discúlpenme ambos, pero ni el aborto es el problema de fondo, ni tampoco es la mejor solución; sino la peor. El aborto es simplemente la solución desesperada que encuentran muchas mujeres para salir de lo que es realmente el problema, los embarazos no deseados. Puede ser que algunas mujeres vean el tema con frivolidad, pero en su gran mayoría, las mujeres que deciden abortar son plenamente conscientes de la gravedad de su decisión, y sufren un serio trauma psíquico y hasta riesgo de sus vidas al verse en un callejón sin salida.

Los embarazos no deseados son el fondo del problema, y una enorme realidad en nuestro país. La cantidad de mujeres que se ven en ese callejón sin salida es impresionante, y el número de ellas que optan por el aborto es muy pequeño en comparación con las que siguen adelante con su embarazo no deseado. Y el hecho de seguir adelante con el embarazo no lo convierte en deseado; sigue siendo indeseado. Y el bebé que nacerá, solo en algunos casos se convertirá en deseado; en otros muchos casos seguirá siendo indeseado.

Y el niño que crecerá, seguirá siendo indeseado en el sentido de que no recibirá la debida atención, educación, protección, y cariño que un hijo deseado recibe; sino, al contrario, más que probablemente recibirá maltrato y abuso; en algunos casos será vendido o secuestrado para tráfico de órganos, y “nadie notará o denunciará su desaparición”. Y el adolescente que crecerá tendrá más probabilidades de integrarse en grupos antisociales e involucrarse en actividades criminales que de integrarse sanamente en la sociedad. No solo será ya indeseado para la madre, sino también para la sociedad. Parte de ellos terminará matando o muriendo, o ambas cosas. Este sí que es un problema con mayúsculas en nuestro país, y parece que nadie repara en la cadena que lo vincula con el problema que estamos tratando.

Es cierto que existe la salida de la adopción, pero no nos engañemos, la cantidad de embarazos no deseados es infinitamente superior a la de solicitudes de adopción, y éstas tienden A ser bastante selectivas, prefiriendo los bebés “blanquitos y rubitos”, cuando casi todos los embarazos no deseados se producen en una población que no responde a estas características. La inmensa mayoría no encontrará opciones de ser adoptado y formará parte de las situaciones mencionadas anteriormente. ¿Y el aborto es la mejor solución a todo esto? Por supuesto que no; repito, es la peor solución que puede haber, pero es la única que muchas mujeres encuentran.

El aborto es una fea realidad que emerge en nuestro país inevitablemente pese a la severa penalización y pese a sonoras campañas por el sí a la vida. El aborto no es un tema de sí o no a la vida. El aborto es un tema de sí o no a la planificación, a la apertura en la educación de la sexualidad, la anticoncepción, y la paternidad responsable, porque es consecuencia directa de ello. En los países en los que hay apertura en este sentido la cantidad de abortos es mucho menor; no porque esté o no penalizado, sino simplemente porque no es necesario; se producen pocos embarazos no deseados. Como siempre, la solución es la educación; no la penalización.

Si la vida es el valor supremo, cuando se grita “Sí a la vida” debe hacerse con todas las consecuencias; no solo cuando un proyecto de vida empieza dentro del vientre de una mujer que no quiere ser madre. Deben ofrecerse primeramente opciones educativas y luego anticonceptivas para evitar que haya una muerte en el embarazo. Y si el embarazo indeseado se produce pese a todo y se desea evitar su interrupción, hay que pensar en una sociedad en la que ese bebé tenga cabida y altas posibilidades de un desarrollo sano y completo. No tiene sentido proclamar “Sí a la vida” después de una concepción indeseada, para, nueve meses después, despreocuparse y abandonar a su oscura suerte al fruto de esa concepción, y quince o veinte años después desear que “mejor no hubiera nacido”, o clamar por aplicarle la pena de muerte.

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