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VIRGINIDAD, UNA DECISION PERSONAL

En la cultura latinoamericana, en la que la Iglesia católica tradicionalmente ha tenido un papel determinante, el tema de la virginidad ha vivido envuelto con el mismo tabú y ambivalencia que cualquier otro tema relacionado con la sexualidad; y no solo por el papel de la Iglesia católica, sino también, y sobre todo, por otro aspecto mucho más poderoso y característico de nuestra cultura, el machismo. Porque si bien la Iglesia católica, teóricamente, aplicaba el mismo rasero para hombres y mujeres, el aspecto machista de nuestra cultura ha discriminado marcadamente a la mujer, de modo que lo que la Iglesia prohibía, la cultura no solo lo permitía, sino que lo alentaba y lo elogiaba en el hombre, a la vez que lo prohibía y avergonzaba en la mujer.

Nunca he dejado de preguntarme por qué el mismo hecho, compartido por hombre y mujer, era visto de tan diferente manera para uno y para otra. Quizá porque eso de “compartir” una experincia sexual no es visto realmente como compartir, sino que hay un sujeto activo dominante con el derecho y el deber de tomar la iniciativa, y un sujeto pasivo con el “deber” (no sé si también el derecho) de defenderse. De esa misma manera ha sido visto el tema de la virginidad. La Iglesia y la cultura machista iban de la mano para preservársela a la mujer, mientras que en el caso del hombre el desacuerdo era total, aparentemente, aunque claramente imperaba la cultura machista para avergonzar la virginidad masculina, y la Iglesia se mostraba tolerante con ello.

En los últimos tiempos, nuestra cultura, ayudada por la creciente influencia de los medios de comunicación y de otras culturas, ya no castiga con la misma severidad a la mujer por lo mismo que sigue elogiando al hombre, quizá porque esa influencia externa ha quitado gran parte del tabú, y quizá porque está dictando otras formas de ver las cosas desde la mera adolescencia, entre ellas, que la relación sexual no solamente es permitida independientemente del estado civil de la persona, sino que es un juego, un juego casi obligado, y que la virginidad es vergonzosa; no solo para él, sino incluso para ella también.

Ello genera una enorme y cada vez más precoz presión en la adolescencia hacia la experiencia sexual, de modo que muchos adolescentes de ambos géneros se ven empujados hacia el sexo por la presión social y de los medios de comunicación más que por su propia iniciativa. La adolescencia es la etapa de la vida en la que se aprende a ser adulto. Por ello, normalmente aún no se tienen criterios propios, sino que se buscan en el medio social externo, que no en el familiar, porque éste es el medio del que tratan de desvincularse; y por ello la influencia externa y la presión social son tan fuertes a esta edad en la que nadie quiere ser diferente y “quedarse atrás”. Como consecuencia, tenderán a hacer lo que otros dictan y, lógicamente, no a seguir criterios propios que aún no tienen, o son débiles.

Lo llamativo de todo ello es que no solo siempre ha habido, sino que sigue habiendo poderosos factores externos, llámense religión, cultura machista, presión social, o medios de comunicación, que dictan “lo que hay que hacer”, avargüenzan y marginan al que hace otra cosa, y no dan opción a la decisión personal, ni siquiera en temas que son muy personales, entre ellos, el de la virginidad. Es llamativo también que las mismas voces que claman por las libertades (libertad sexual, entre otras), no permitan decidir libremente abrazar la virginidad y abstenerse de la relación sexual, tanto en ellos como en ellas.

Tanto la relación sexual como la virginidad o la abstinencia, en hombres y mujeres por igual, son opciones y decisiones muy personales. Tanto la decisión en un sentido como en otro necesita de cierta madurez, por lo que no debería ser tomada precozmente; la sexualidad no es un simple juego. El acceso a la experiencia sexual precoz más difícilmente permitirá adquirir la adecuada madurez en temas de sexualidad, de la misma manera que ha solido pasar a la inversa, es decir, cuando la virginidad prolongada y tardía no es consecuencia de una decisión personal, sino de traumas derivados de dictados religiosos o culturales. Educar no consiste en dictar lo que hay que hacer, sino en formar criterios racionales, sólidos y objetivos para decidir.

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One thought on “VIRGINIDAD, UNA DECISION PERSONAL

  1. Muy certero.
    La virginidad debe ser una decisión personal basada en la responsabilidad que conlleva el inicio de la relación sexual. Pero las mismas personas de nuestro entorno, se mofan de quienes siendo adultos son “vírgenes” y critican a quienes ya no so lo son sin haberse casado, y es entonces cuando se distorsiona la esencia del significado de ser “virgen”.

    Tanto adolescentes como mayores de edad, deberiamos concientizarnos en que la sexualidad no es un juego como usted lo menciona, y que tampoco es algo asqueroso o mal visto, y que al igual que muchas cosas en la vida, requiere de madurez y sensatez.

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