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LOS MISERABLES

Recientemente fui a ver la película “Les miserables”  y debo decir que toda la sala estaba embargada del mismo sentimiento de emoción ante lo sublime de la música y las interpretaciones. Las personas iban adentrándose cada vez más en el laberinto de emociones de los actores; el silencio de la sala era absoluto, solo cortado por algún sollozo de los espectadores, que culminan en llanto total  cuando el espíritu de la protagonista llega para hacerle más suave el paso a la muerte del protector de su hija. La postrera escena, en la que todo el reparto interpreta la última canción, es un apoteósico final para dejarnos el corazon henchido de entusiasmo, esperanza y amor. Sí, amor.

Todo esto me hizo reflexionar sobre la importancia de las artes en la vida de los seres humanos. El arte que enerva los espirítus y engrandece el alma; que  nos hace soñar con un mundo mejor, y nos hace llenarnos de deseos de lucha por el bien y el prójimo. ¿Dónde se cultiva ese arte en nuestros países? ¿Dónde se cultiva el espíritu en nuestros niños? ¿En cuántos  hogares se lee poesía, se escucha música clásica, y se enseña a entregar parte de nuestro tiempo a la meditación, a la comtemplación  de la naturaleza?

Tal vez soy una persona extraña que sueña con implementar ideas extrañas. Lo que sí puedo asegurar es que el dicho tan conocido de “la música amansa a las fieras” se aplica también a todas las artes y a todos los humanos. Podríamos ser mejores personas si retomaramos estas prácticas en nuestros hogares, en las escuelas y espacios laborales.

Quiero comentar que tuve la dicha de visitar China, y quedé impresionada por la cultura oriental, donde, y aun con escaseces económicas, se cultiva el espíritu y el amor por la naturaleza. Ojalá no nos limitáramos solamente a dejarnos seducir por la cultura occidental, sino también por lo bueno de otras. En este mundo cada vez más globalizado, es la cultura occidental la que se extiende e impone en forma casi dictatorial. El reclamo de la libertad resulta muy atractivo, adictivo e hipnotizador, al punto de que fácilmente nos vemos envueltos en su trampa… consumismo, estridencia, los divorcios express, frivolidad, el sexo como instrumento para atraer la atención de cualquier cosa… Retomemos la paciencia, la constancia, el crecer con esfuerzo, y sobre todo, el amar todo aquello que engrandece nuestro espíritu.

 

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